Un libro recupera la figura del empresario bilbaíno que estuvo en el origen de Iberia, Iberdrola, la urbanización de la Gran Vía madrileña y el transbordador aéreo del Niágara

Las muchas vidas de Horacio Echevarrieta

Borre de Bilbao la Torre Iberdrola y de Madrid, la Gran Vía. Deje a la Armada Española sin su buque escuela y a los aeropuertos sin Iberia. Nada de eso existiría -por lo menos, como lo conocemos- sin el empuje de un bilbaíno, Horacio Echevarrieta. «Llama la atención que un personaje que, con las debidas cautelas, bien pudiera ser comparado con los Howard Hughes o Randolph Hearst que inspiraron a Orson Welles en ‘Ciudadano Kane’ sea tan poco conocido entre nosotros y disfrute hoy de una absoluta falta de reconocimiento», lamenta Juan Ignacio Vidarte, director del Guggenheim, en su prólogo del libro ‘Las 150 vidas de Horacio Echevarrieta’, una obra de Gonzalo Arroita, María Peraita y Javier Amezaga que verá la luz en otoño con motivo del sesquicentenario del nacimiento del magnate.

Horacio Echevarrieta nació el 15 de septiembre de 1870 en un Bilbao donde convivían la pujante actividad industrial con la masificación del proletariado y la infravivienda más insalubre que se pueda imaginar. En ese mundo sucio y próspero, la ría era un ir y venir de barcos de carga, y las minas de hierro, fuente de riqueza. Con ellas amasó Cosme Echevarrieta una fortuna que, a su muerte en 1903, pasó a manos de su hijo Horacio. «Recibió una de las mayores haciendas de la época»,indican Arroita y Peraita, profesores de la Cátedra Unesco de Paisajes Culturales y Patrimonio de la UPV. Podía haber vivido de las rentas -incluidas dos hectáreas del Ensanche- como otros ricos herederos, pero a partir de ese momento se metió en una empresa tras otra. 

Horacio ofrece un discurso foralista.
Horacio ofrece un discurso foralista.

Las condiciones de trabajo en las minas eran durísimas, con jornadas de diez horas y jornales de hambre, y eso desembocó en julio de 1910 en una huelga en la que dos empresarios, José Martínez de las Rivas y Echevarrieta, apostaron por mejorar las condiciones laborales de los mineros, «probablemente pensando en la productividad». El segundo extendió el negocio familiar, con explotaciones inicialmente en Muskiz y Bilbao, a Álava, Cantabria, Asturias y Andalucía, y diversificó sus inversiones. Consciente de la creciente demanda de energía para el desarrollo de la industria vasca, entró en el sector hidroeléctrico en 1907 con la compra de Saltos del Ter y, poco después, participó en la fundación de Saltos del Duero, el origen de Iberdrola. 

De las minas a la aviación

«Diseñó una estrategia empresarial que se cimentaba en tres conceptos y que mantuvo a lo largo de de su vida: pluralizar el negocio, generar una estructura capaz de impulsarse y nutrirse a sí misma, y encarar cada crisis que se presentaba buscando en ella la oportunidad que ofrecía», explican Arroita y Peraita, letrado urbanista y arquitecta, respectivamente. Sus explotaciones forestales, minas, cementeras, medios de comunicación -compró el diario ‘El Liberal’ y participó en la fundación de Unión Radio, la actual cadena SER- y demás están al servicio de sus proyectos más ambiciosos. Esa infraestructura y su agenda de contactos le acaban convirtiendo en alguien enormemente poderoso en la España de principios del siglo XX. En 1911, por ejemplo, compra Cementos Portland Yberia, compañía clave para la urbanización de la Gran Vía de Madrid y la construcción del metro de Barcelona. «Llegó a ser la tercera persona más influyente del país después del Rey y el presidente del Gobierno», apunta Peraita, quien sostiene que «siempre iba un paseo adelante». 

Horacio actúa como mediador para liberar a presos españoles.
Horacio actúa como mediador para liberar a presos españoles.

En 1905 fundó junto con Isidoro Larrínaga -hijo del que desde 1882 había sido el ocio de su padre, Bernabé Larrínaga- la naviera Echevarrieta y Larrínaga. Nació con cuatro vapores y llegó a tener once. Transportaban a Reino Unido mineral de hierro, del que «casi la mitad salía» de sus explotaciones vizcaínas. «A la altura de 1913-1914 la naviera Echevarrieta y Larrínaga ocupaba, con 28.171 toneladas de registro bruto, el quinto lugar de la marina mercante española, sólo por detrás, aunque a muy larga distancia, de la Transatlántica, Sota y Aznar, Pinillos e Ybarra y Cª, e igualada prácticamente con la Compañía Valenciana de Vapores de Correos de África», explica en un artículo de 1996 el historiador bilbaíno Pablo Díaz Morlán, catedrático de la Universidad de Alicante. 

EL LIBRO

Las 150 vidas de Horacio Echevarrieta
Obra de Gonzalo Arroita, María Peraita y Javier Amezaga.
Tiene 208 páginas y numerosas fotos.
Edición limitada de gran formato, es una publicación de Surfing Challenge SL – Javier Amezaga & Borja Peñeñori, con el apoyo del Puerto de Bilbao.
La tirada será de 1.000 ejemplares y el precio de 45 euros.
Más información: horacio@zetacomunicacion.com.

Web: https://www.horacioechevarrieta.com/

«Desde su casa en Punta Begoña, Horacio Echevarrieta controlaba perfectamente todo lo que se movía en el Puerto de Bilbao, en especial sus propios navíos», indican Arroita, Peraita y Amezaga. Esa aventura terminó el 16 de enero de 1917 cuando un submarino alemán hundió el ‘Manuel’ en ruta a Glasgow. Echevarrieta vendió entonces sus buques y compró los astilleros Vea-Murguía de Cádiz, al tiempo que encargaba a Ricardo Bastida la construcción de las Galerías Punta Begoña, en Getxo. Dado el peligro del transporte marítimo, apostó por construir barcos para terceros en unos astilleros de los que en 1927 salió el ‘Juan Sebastián Elcano’, diseñado por el ingeniero bilbaíno Juan Antonio Aldecoa, director de sus instalaciones gaditanas.

Los años 20 fueron una gran década para Echevarrieta. Tras el desastre de Annual en la guerra de Marruecos, el Gobierno confió en él, con intereses en el protectorado, la negociación para la liberación de más de trescientos presos en poder del líder rifeño Abd el-Krim. Lo consiguió en enero de 1923 a cambio de 4 millones de pesetas. Como premio, Alfonso XIII le ofreció el título de marqués del Rescate, que rechazó. Porque, como su padre, era republicano, «aunque eso no le impidió ser amigo del Rey», señala Arroita. Echevarrieta había liderado el republicanismo vizcaíno y sido diputado en Madrid por la Conjunción Republicano-Socialista entre 1903 y 1917, cuando abandonó la primera línea política. 

Foralista, fue reconocido como «Vizcaíno Esclarecido, Guipuzcoano Honorario y Padre de la Provincia de Álava», según reza la esquela que publicó este periódico, y las tres diputaciones le homenajearon en Gernika por su defensa del Concierto Económico el 15 de septiembre de 1925. Ese mismo año, su velero ‘María del Carmen’ venció en la regata Plymouth-Santander. Y dos después fundó Iberia tras llegar a un acuerdo con Lufthansa, que proporcionó los primeros aviones a la compañía, de la que fue el primer presidente. 

El hundimiento 

Las estrechas relaciones comerciales con Alemania le llevaron en el periodo entreguerras a saltarse el bloqueo armamentístico y construir en sus astilleros el submarino E-1 (Echevarrieta-1). Fue el prototipo de los U-Boot de la Segunda Guerra Mundial, explica Díaz Morlán en ‘Las 150 vidas de Horacio Echevarrieta’, que incluye testimonios de expertos, familiares y amigos del empresario. Miguel Primo de Rivera le encargó verbalmente una flotilla de submarinos, pero en 1931 el Gobierno republicano dio marcha atrás y, para salvar los astilleros, se vio obligado a desprenderse de gran parte de su patrimonio, incluidos cuadros de Gauguin, Pissarro, Renoir y Van Gogh. «Echevarrieta había sido mecenas de Iturrino y Durrio, y este último le había facilitado la compra de muchas de esas obras», señala Arroita.

El nacimiento de Iberia.
El nacimiento de Iberia.

Tres años después, en el que Amezaga considera «el episodio más sombrío de su vida», es encarcelado con su amigo Indalecio Prieto tras ser detenidos en San Esteban de Pravia cuando desembarcan del mercante ‘Turquesa’ armas para la Revolución de Asturias. En la Modelo de Madrid coincide con Santiago Carrillo, quien en sus ‘Memorias’ lo recuerda como «un hombre grandullón, muy simpático, que se relacionaba bien con la gente». Tras la Guerra Civil, una explosión daña gravemente en 1947 los astilleros gaditanos, de los que el régimen franquista se apropia en 1951. El magnate se retira entonces al palacio Munoa, en Barakaldo, donde muere el 20 de mayo de 1963. 

«Horacio Echevarrieta pertenece más al mundo de la ciencia ficción que al de la empresa. Repasando sus actividades se tiene la impresión de que se proponía intervenir en todos los campos donde hacía falta un arreglo», dice el escritor Eduardo Mendoza en el prólogo que firma en el nuevo libro sobre la vida de este bilbaíno ilustre sin calle en su villa.

El teleférico más antiguo es bilbaíno y está en las cataratas del Niagara

El Spanish Aerocar es desde agosto de 1916 una de las grandes atracciones de las cataratas del Niágara en el lado canadiense. Este transbordador aéreo, diseñado por Leonardo Torres Quevedo, ofrece una visión única de El Remolino del río Niágara y durante el trayecto, de unos 540 metros, cruza varias veces por el aire la frontera entre Estados Unidos y Canadá. Es el teleférico en servicio más antiguo del mundo y no sólo fue ideado por un ingeniero criado y formado en Bilbao -Torres Quevedo-, sino que además su construcción y financiación corrieron a cargo de The Niagara Spanish Aerocar Co. Limited, una sociedad vizcaína impulsada por Horacio Echevarrieta, entre cuyos accionistas había mayoritariamente ingenieros y empresarios del territorio histórico.

Artículo El Correo
LUIS ALFONSO GÁMEZ Domingo, 23 agosto 2020

Artículo en papel de El Correo