El olvidado empresario que creó Iberia, Iberdrola y submarinos entre guerras y pandemias

Republicano convencido, supo hacer negocios y amistad con la monarquía. Fue encarcelado. Acusado de esquirol por otros patronos de la minería por defender la jornada de ocho horas, «descansados producen más».

Su esquela apareció casi oculta, en la esquina inferior del diario local. Lo acompañaba una sencilla y breve nota informando de su muerte y recordando su vida. Poco más. A partir de ahí, el olvido. Ocurrió el 20 de mayo de 1963. La vida de Horacio Echevarrieta Maruri se había agotado tras exprimirla gota a gota. Fueron 92 años de andadura trepidante, intensa y fructífera que parecían concluir enterrados en una discreta despedida. La suya fueron varias vidas en una. En septiembre se cumplieron 150 años del nacimiento de este singular empresario bilbaíno sin cuya aportación ni la aviación, ni la navegación, ni el ferrocarril, ni la radio, ni la energía o la minería española hubieran sido las mismas.

La suya fue una vida hecha de fracasos y recuperaciones, de crisis convertidas en oportunidades e incertidumbres encauzadas como apuestas visionarias. Echevarrieta nació en 1870 en el seno una familia acomodada. Fue consciente de ello. También de que jamás debía vivir de sus rentas, que el dinero debía moverse, generar riqueza y empleo. Su lista de éxitos y fracasos se construyó en tiempos de pandemia como la actual –la gripe española de 1918-, pero además entre dos guerras mundiales, una contienda civil y la presión de dos dictaduras, la de Primo de Rivera y la de Franco. Supo moverse en la república y bajo la monarquía de Alfonso XIII y salir adelante en pleno ‘crack’ de 1929. Fueron las circunstancias que le tocó vivir y que supo vadear y a las que se adaptó para poner en marcha apuestas arriesgadas, proyectos innovadores y empresas de éxito.

Quizá en otro tiempo, en otro país, su vida hubiera sido motivo de películas, series, monumentos o visitas guiadas por los rincones de su infancia. No hay nada de ello. Apenas una calle que lleva su nombre en Barakaldo. Nació en la Vizcaya de 1870, cuando las minas enriquecían ya a las principales familias del lugar y pronto lo harían con la suya. Su padre Cosme Echavarrieta, líder republicano, no tardó en extender su actividad minera por todo el país. Con ellas hizo el patrimonio que dejó a su hijo Horacio tras su muerte en 1903.

De él había heredado su espíritu emprendedor y su inquietud política, republicana. Pero Horacio no era Cosme, no en la ambición y el modo de hacer. El joven Horacio no demoró mucho el cambio de visión y estrategia empresarial, tampoco el mejorar el trato a sus trabajadores. En la expansión del negocio familiar nunca descuidó sus tres máximas: diversificar, crear un emporio que se ‘autoabasteciese’ y aprovechar las oportunidades que siempre brindan las crisis y los momentos más difíciles. Supo hacerlo. Arriesgó. Se arruinó en ocasiones, triunfó en muchas otras.

‘Las 150 vidas de Horacio’

Dicen quienes han estudiado su vida, como los autores de ‘Las 150 vidas de Horacio Echevarrieta’, Gonzalo Arroita, María Peraita y Javier Amezaga, que Horacio nunca se casó con nadie, que fue un hombre libre. Defendió la República pero hizo amistad y negocios con la Monarquía, impulsó la minería pero defendió, pese a ser tildado de “esquirol” por parte del resto de la patronal minera, la jornada de 8 horas y media para sus trabajadores, “descansados son más productivos”, aseguraba. Disfrutó de la gloria y los privilegios del poder pero también bajó hasta la oscuridad de la cárcel.

6 IMÁGENES

Expandir sus horizontes empresariales fue una apuesta sin final. Las minas fueron la herencia, el comienzo. Compañías como Iberdrola o Iberia hoy no existirían si no fuera por él. Vio en la energía una oportunidad de futuro y en los Saltos del Duero un lugar donde generarla. Así nació el germen de Iberduero, hoy Iberdrola. En la aviación satisfizo su deseo de no dejar nunca de innovar. La oportunidad la vio en Alemania, país con el que hizo buenos y fracasados negocios. En 1926 la compañía Lufthansa le otorgó la concesión para gestionar sus vuelos en España. El 28 de junio de 1927 nacía Iberia, con capital alemán, como filial de la compañía germana y con Horacio Echevarrieta como primer presidente.

Su gran pasión siempre fue el mar. El mismo que amaba y que supo poner al servicio de sus negocios para agasajar a reyes, poderosos e influyentes. En Cádiz los astilleros atravesaban una situación difícil, a punto de su cierre. Horacio Echevarrieta decidió rescatarlos. La fabricación de barcos era una oportunidad en aquel tiempo de entreguerras. De los astilleros gaditanos salió en 1927 uno de los buques que casi un siglo después aún surca imponente y elegante los mares: el Juan Sebastián Elcano, diseñado por la compañía Echevarrieta y Larrinaga y cuya denominación se asigna al empresario vasco. El 30 de octubre de 1926 la ciudad de Cádiz lo nombró hijo predilecto.

La carrera naval fue una de sus satisfacciones pero también una de sus grandes ruinas. La innovación que siempre primó le llevó a explorar el mundo de los submarinos. Negoció incluso con la monarquía española la compra de una flotilla y otra con los Alemanes, sorteando la limitaciones del Tratado de Versalles. Ambos contratos jamás se ejecutaron. Con la llegada de la II República el nuevo Gobierno tricolor anuló el pedido y Alemania tampoco nunca lo completó.

«Mover el dinero, generar empleo»

En su larga carrera no faltaron otras apuestas relevantes como Cementos Portland o prospecciones petrolíferas en México previas a la creación de la Sociedad Petrolífera Española. Su mano incansable estuvo detrás de la definición de la red de cercanías y de metro en Barcelona o de la urbanización de la Gran Vía de Madrid. Fue pionero en el campo de los medios de comunicación. Propietario de ‘El Liberal’, abrió el camino a la radio con la creación de Unión Radio, el precedente de la SER.  

Horacio Echevarrieta sabía que diversificar sus negocios no sólo limitaba riesgos sino que generaba sinergias eficientes. Empresas que se abastecían unas a otras de materias primas y energía o que le abrían la puerta a un mejor posicionamiento social y político –fue diputado en Cortes por Vizcaya- y con ello a más oportunidades para cerrar acuerdos, explorar oportunidades y seguir “moviendo el dinero” para generar riqueza y empleo.

En la política defendió los fueros vascos, el concierto económico vasco, y por ello le declararon hijo predilecto. Hoy el nacionalismo y las instituciones vascas parecen haberle olvidado. En el socialismo la amistad con Indalecio Prieto terminó con él en la cárcel. Su carrera bélica le dio acceso a comerciar con armas. Un lote de ellas las cedió a los socialistas con el propósito de apoyar el levantamiento contra el régimen de Salazar en Portugal. Nunca llegaron al país vecino sino que fueron desviadas a los revolucionarios en Asturias. Tras ser vinculado con aquel hallazgo de armas, Horacio Echevarrieta acabó en prisión, donde se encontraría con Santiago Carrillo, y sintiéndose traicionado por su amigo, Indalecio Prieto.  

En su vida no evitó acciones de riesgo como la mediación para rescatar cientos de prisioneros de la Guerra de África, por la que Alfonso XIII le ofreció el título ‘Marqués del rescate’ que él -republicano convencido-, rechazó. También intervino en acciones humanitarias para salvar vidas en la Guerra Civil española. 

Empresa, arte y deporte

Empresario, político y amante del mar, su rica faceta profesional y personal incluye un perfil deportista. La navegación, el polo y el deporte en general fueron otras de sus pasiones. En uno de sus yates, el que llevaba el nombre de sus padres, el ‘Cosme y Jacinta’, llegó a navegar junto a Barón de Coubertain. Echevarrieta se convertiría en presidente del Comité Olímpico Español entre 1921 y 1923.

Con su fortuna y la participación de su hermana Amalia adquirió una valiosa colección de obras de arte en la que no faltaban cuadros de Van Gogh, Dario de Regoyos o Gaugin. Gran parte de ella terminó siendo vendida para salir de los fracasos empresariales a los que tuvo que hacer frente. También ejerció de mecenas de jóvenes artistas, como Francisco Durrio a quien encargaría la decoración del mausoleo familiar en Getxo. Tras veinte años de trabajos, Durrio no logró terminarlo.

Fueron 92 años de vida intensos, exprimidos hasta el final. La trayectoria de un hombre que supo sortear dificultades, arriesgar y crear riqueza. Entenderse con la monarquía y con la República, relacionarse con los dos frentes de una guerra o defender los derechos de los trabajadores. Nació hace 150 años y una buena parte de su legado sigue hoy vigente. Cualquiera de sus muchas vidas la del Horacio empresario, la del Horacio político, el emprendedor o el deportista bien merecerían un recuerdo y un lugar en la memoria reciente de este país.

Fuente EL INDEPENDIENTE